Sexo con ostras y champagne

Cómo iba yo a saber que ese día sería mi primer día de sexo con ostras y champagne… pero valió la pena. Atentos a la historia de cómo acabamos tres personas en una cama...

¡No hay nada más exquisito y afrodisíaco que comerse una ostra acompañada por una copa de champagne! – solía decirme mi marido cada vez que visitábamos su restaurante francés favorito.

Yo no era capaz de entender cómo esa cosa tan viscosa y extraña podía gustarle.

¡Pruébala!, me decía. ¡Son muy frescas, saben a mar! … Pero no, jamás quise intentarlo.

¿Una combinación afrodisíaca?

Mezclar la ostra y el champagne

Es posible, pues no sé bien si era por las ostras y el champagne o porque era nuestro quinto aniversario pero ese día teníamos tantas ganas de hacer el amor como hace tiempo no lo habíamos hecho.

A pesar de que no llevábamos demasiado tiempo juntos, parecía que la monotonía comenzaba a querer instalarse en nuestras vidas por lo que un día así, de locura y desenfreno, nos ayudaba a intentar que la pasión se mantuviera encendida, o al menos nos servía como placebo para escapar por unos momentos de la pesadez de la rutina marital…

Luego de comer me hizo volver a casa con prisa. Yo noté que él tenía una especial excitación y sentirle así me provocó de repente un cosquilleo por todo el cuerpo.

Estaba a punto de empezar la noche de Sexo con ostras y champagne…

fiesta de champagne
De fiesta y acabar sin braguitas

La combinación de sexo con ostras y champagne empieza a hacer efecto

Al llegar al portal, como dos adolescentes comenzamos a toquetearnos al subir al ascensor. Yo buscaba con mi lengua las últimas burbujas de champagne en la cavidad de su boca, tibia y húmeda, donde aún permanecía el embriagador aroma a mar de las ostras que me recordó los veranos maravillosos que hemos pasado juntos…

Llegamos a nuestro piso y él abrió la puerta como pudo. Nuestras bocas seguían enganchadas mientras una ráfaga de calor me recorría el cuerpo. Sentía los pezones duros y el tanga húmedo. Él estaba como hace tiempo no le veía, excitado y feliz. ¡Las ostras sí que funcionan! – fue lo único que fui capaz de pensar con la limitada capacidad de razonamiento que tenía en ese momento.

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Esto me hace abrir las piernas

Al cruzar el umbral de la puerta comencé a desabotonar su camisa. Se la hubiera arrancado en un solo gesto, pero era su favorita.

Yo había bebido una cantidad respetable de champagne durante la comida y en mi cuerpo experimentaba justo ese puntito de embriaguez y tontería que me ponía a tono para hacer el amor. Me encantaba follar así, medio consciente, medio mareada, risueña, desinhibida, dispuesta a todo… y él lo sabía. No me había dado cuenta de lo bien que me conocía…

Ostras, champagne y más sorpresas afrodisíacas…

Llegamos hasta la cama y seguimos jugueteando cuando de repente sonó el timbre de la puerta.

¡Mierda! -dije en voz alta.

Estaba tan entregada a la labor y tan contenta de recuperar un momento de emoción dentro de nuestra pesada rutina que faltó muy poco para que mi excitación estuviera a punto de desaparecer.

Él miró el reloj y dijo: “justo a tiempo, no te preocupes, es tu regalo de aniversario”.

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Concha mojadita para verga

Entre el punto de borrachera y la excitación no entendí lo que en realidad quiso decir. Y me pareció la manera más inoportuna de entregarme el dichoso regalo cuando hubiera sido mejor que lo hubiera hecho en el restaurante mientras comíamos pero, cuando ví lo que era, creo que no hubiera sido lo más adecuado.

Él se levantó de un salto, se puso algo encima y fue a abrir la puerta…

Invitada sorpresa a la fiesta del champagne

Pocos minutos después comencé a escuchar voces y yo, que ya había comenzado a relajarme, me despejé de golpe. ¿Era la voz de una mujer?

¡De repente los vi entrar hasta el dormitorio! ¡Él venía acompañado por una chica despampanante!

Con sorpresa y como pude cubrí mi cuerpo, que ya estaba totalmente desnudo, mientras él nos presentaba.

Era la guinda que faltaba para la noche de sexo con ostras y champagne!

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Así sale la leche papi

¡Aquí tienes! Ella será, al menos por un buen rato, tu regalo de aniversario – me dijo.

Mi cara era un poema, no supe qué decir ni qué me quería decir él con todo ello.

Como sé que te encanta el champagne, voy a abrir la botella que tenemos en la nevera mientras os vais conociendo – dijo él mientras se daba la vuelta y salía de la habitación.

Una nueva ostra en mi cama

-¿Es tu primera vez? -me preguntó ella mientras se acercaba a mí, y con una sorprendente dulzura me acarició la mejilla.

Cuando quise articular palabra ella ya tenía sus labios sobre los míos y lo único que hice fue cerrar los ojos, quizá por reflejo o por costumbre… ¡y en ese momento me derretí!

Hacía tiempo que los únicos labios que besaba eran los de mi marido, que además tenía barba y bigote, así que la sensación de la calidez y suavidad de su boca era algo tan nuevo para mí que me llenó de excitación y curiosidad a partes iguales.

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papi pussy listo

-¡Déjate llevar! – Fue lo único que dijo mientras se desnudaba ante mí para luego descubrir la desnudez que yo ocultaba bajo las sábanas.

¡Tenía un cuerpo impresionante! Alta, morena, estilizada. Tenía unos pechos perfectos, ni grandes ni pequeños, totalmente naturales y con unos pezones tan erectos que me dieron unas ganas enormes de morderlos.

Experimentando después del sexo con ostras y champagne

¡Qué maravillosa curiosidad! jamás había sentido algo así. Nunca pensé que me fuera a excitar tanto la desnudez de una mujer y por un momento dudé de mis preferencias sexuales y me sentí confundida.

-¡Pero si me encantan las pollas! -pensé. Pero ese punto de embriaguez que aún me quedaba y la excitación que me quemaba por dentro pudieron mucho más que las dudas y los prejuicios.

¡Pop!, se escuchó a lo lejos el descorchar de la botella de champagne, y fue ese ruido el que me sacó de mis cavilaciones y me hizo volver de golpe a la realidad… maravillosa realidad.

Mientras estábamos reconociéndonos nuestros cuerpos a través de caricias, llegó mi marido a la habitación con tres copas y una botella de champagne.

¡Vamos a brindar! – dijo. Por un aniversario inolvidable.

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gotita de leche en la punta

El sexo con ostras y champagne es una buena mezcla… ¡Para tres!

Mi marido dio un sorbo a su copa del burbujeante y fresco champagne y se acercó para integrarse en el juego. ¡Yo no me podía creer la escena! Mi coño parecía un manantial de líquido viscoso y tibio.

Él, desde mi espalda, comenzó a besarme desde la nuca mientras ella bajaba desde mi cuello y se detenía en mis pechos. Me chupaba uno, me mordisqueaba el otro.

Metí un par de dedos en mi vagina, que estaba muy mojada y luego dirigí mi mano hacia la de ella.

Tenía el pubis totalmente depilado y suave, me moría de ganas por saber lo que se sentiría el pasar mi lengua desde su ombligo hasta el centro de su placer.

Supongo que sería la vasta experiencia de esta profesional pues en ese momento ella se dio cuenta de mi deseo y se separó de mí para recostarse en la cama y ofrecerme su coño.

¡Pruébalo!, dijo mi esposo. ¡el tuyo es tan fresco que sabe a mar!.

Comer ostras extranjeras

Ella me hizo un guiño y extendió el brazo para alcanzar la polla de mi marido y comenzó a hacerle una paja.

Yo tomé la botella de champagne y di un trago largo y burbujeante, quizá con la intención de alcanzar ese punto de atrevimiento que me hacía falta para bajar y navegar en las profundidades de ese mar.

Con curiosidad le abrí los labios y miré extasiada esa parte del cuerpo con la que yo llevaba conviviendo toda mi vida y que aún así me parecía una total desconocida.

Le vertí un buen chorro de champagne en su coño y de entre las burbujas que se formaban y que me recordaban a la espuma de las olas del mar vi moverse a un hermoso molusco rosado que me pedía comerle.

Fue entonces cuando me atreví a probarlo.

Mi lengua comenzó a recorrer todos sus pliegues, a entrar por sus cavidades. Sorbí sus deliciosos jugos y ¡qué ganas me daban de morderle!, cosa que hice pero con mucha suavidad. Solté un gemido intenso y entonces me corrí…

Fue entonces cuando comprendí lo perfecta y exquisita que resulta ser la explosiva combinación del sexo con ostras y champagne, un maridaje que intento disfrutar cada vez que se me presenta la oportunidad.

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TRAGAR SEMEN ESTÁ BIEN RICO

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