La Fiesta Mayor Porno

Se acerca nuestra cita ineludible, la Fiesta Mayor del pueblo y, si te soy sincera la verdad no sé ni cómo fue que de repente me encontré comiéndole la boca a un extraño mientras una de mis manos navegaba dentro de su pantalón.

De eso, ya hace algunos años. Yo acababa de terminar la carrera y estaba en un momento de mi vida intenso y confuso. A pesar de haber sido la nota más alta de mi promoción, me sentía temerosa de enfrentarme a la vida profesional. Tenía un grupo de amigos con los que, de tanto en tanto, acostumbraba a salir para “liberarnos del estrés universitario”. Nos íbamos de birras o hacíamos botellón en alguna plaza o en la playa y entre risas y borracheras intentábamos retomar energías para armarnos de valor y volver a la vida real.

Me gustan mayores

Yo en aquella época no tenía novio porque estaba perdidamente enamorada de uno de mis profesores: un tipo de mediana edad, cabello negro y piel blanca como la nieve, con unos ojos tan oscuros y profundos que cada vez que me miraba algo se me rompía por dentro y escurría desde mis entrañas de manera cálida y viscosa. Imposible mantener la concentración y las bragas secas en cada una de sus clases.

Ya desde entonces me di cuenta de que prefería a los hombres mayores. Me daba tanto morbo imaginarme como si fuera una adolescente en pleno despertar siendo seducida por un atractivo hombre que me susurraba al oído: “te voy a enseñar una cosa, pero no se lo puedes contar a nadie, no tengas miedo, te gustará, ese será nuestro secreto”. Es una estupidez, lo sé, y un tópico del tamaño de una casa, además es algo inaceptable, pero el subconsciente no entiende de razones.

Cómo aliviar bien el estrés antes de La Fiesta Mayor

Cada vez que me sentía presionada por el estudio, en temporada de exámenes, esa era mi manera de relajarme. Me tumbaba en la cama, me sacaba el sostén por debajo de la camiseta de tirantes, me quitaba los tejanos, cerraba los ojos e imaginaba a mi sexy profesor susurrándome esas palabras que tanto me excitaban. En mi habitación, yo con una mano me subía ligeramente la camiseta y dejaba mis pechos al aire, los acariciaba… y con la otra iniciaba la labor por dentro de las braguitas. Comenzaba poco a poco y cuando sentía que mi clítoris se hinchaba y que de entre mis piernas comenzaba a brotar la miel de la excitación entonces me quitaba las bragas y apresuraba la labor.

Me tocaba con las dos manos mientras en mi cabeza aparecía el momento en el que, dentro de mi fantasía, mi querido profesor enseñaba por primera vez a la inocente niña lo que era un miembro masculino erecto… Entonces yo me frotaba el clítoris e introducía un par de dedos en mi coño como si fuera el momento en el que él perforaba mi inocencia y ya no había vuelta atrás. Entonces me corría y me quedaba dormida.

Ligar es fácil en una Fiesta Mayor

Era verano, se habían acabado las clases, los exámenes, la presión y el estrés. Aún no tenía trabajo así que yo sólo quería divertirme. Quedé con mis amigos para ir al concierto de inicio de la Fiesta Mayor del pueblo y justamente aquel año habían conseguido traer al grupo de moda. Había tanta gente que empujaba para obtener un buen sitio que entre los saltos, el baile, las cervezas y los empujones nos fuimos distanciando unos de otros.

El movimiento de la multitud -típico de una Fiesta Mayor- me fue desplazando hasta que quedé situada en uno de los extremos del escenario donde había un rincón oscuro desde el que apenas se alcanzaba a ver el concierto. Me comencé a sentir sola, rodeada de extraños y como si estuviera atrapada en una lata de anchoas.

En una Fiesta Mayor hay muchos desconocidos

De repente no pude moverme. Comencé a sentir una calidez que me recorrió todo el cuerpo. No solamente era el bochorno veraniego, era la presión de un cuerpo que tenía justo a mis espaldas que encendió mi mecha interior y que además olía maravillosamente bien… Me giré como pude para reclamar un poco de espacio vital y no pude pronunciar palabra. Era el hombre más guapo que había visto jamás: alto, maduro, moreno, de piel blanca… no hace falta decir a quién me recordaba.

Tras la sorpresa, volví a girarme tal y como estaba situada. Y no sé si fue por la presión que seguía ejerciendo la gente pero ese hombre estaba cada vez más encima mío. Tan es así que comencé a sentir otra clase de fuerza sobre mi cuerpo… A la altura del culo empecé a sentir cómo su hombría, firme y dura, empujaba con insistencia y sentí una excitación como nunca la había sentido. De repente me volví a girar y fue entonces cuando me lancé a comerle la boca…

Mi yo salvaje en la Fiesta Mayor

No se resistió. Supongo que aquella protuberancia que empujaba de entre sus piernas era la prueba de que yo también le había gustado. La magia de una Fiesta Mayor…

Correspondió a mi beso con intensidad. Pude sentir cómo nuestras lenguas, cual dos moluscos, luchaban en la cálida cavidad de nuestras bocas y fue entonces cuando no me pude resistir. Intenté meter mi mano por dentro de su pantalón. Me moría de ganas por sentir cómo era ese bulto enorme que me presionaba.

La labor no fue fácil pero al final lo conseguí. ¡No llevaba ropa interior!. La suavidad de su piel me sorprendió pues me esperaba un matojo áspero y tupido flanqueando la entrada. Estaba depilado, por lo que pude llegar a su polla con relativa facilidad. Me ayudé con la otra mano para desabotonarle el pantalón mientras la gente cantaba, saltaba y coreaba las canciones del grupo que seguía dándolo todo en el escenario.

Su miembro caliente palpitaba y nuestras lenguas continuaban su danza. Yo también me moría de ganas de darlo todo. Hace mucho tiempo que no follaba y estaba tan excitada que sentía que expulsaba fuego por cada poro de mi cuerpo.

Sitios oscuros en la Fiesta Mayor

Como pudimos nos fuimos desplazando hacia la zona más oscura, con menor visibilidad. Él, por debajo de la blusa me tocaba las tetas mientras yo le bajaba los pantalones lo suficiente como para poder liberar a la bestia. Entonces me incliné y se la comí. Apenas me cabía en la boca.

No tuve tiempo de pensar si alguien se daba cuenta, si nos podrían descubrir. Lo único que sentía era que todo ese ambiente me excitaba cada vez más. De repente con sus manos él retiró mi cabeza de su entrepierna y súbitamente me dio la vuelta. Me levantó la falda, me arrancó el tanga y me penetró… Para mí eso era una buena Fiesta Mayor…

Todo fue muy rápido. Gritos de placer que yo intentaba reprimir y que eran producto de cada una de sus embestidas, pero que en la algarabía del ambiente apenas se notaban. Una ráfaga de placer me recorría de pies a cabeza, descargas de electricidad y de repente el clímax… Lo único que pude decir fue, “por favor, ¡dentro no!” y me corrí como nunca antes lo había hecho. Prácticamente al instante él sacó su polla y me dejó la Vía Láctea dibujada en el forro de mi falda, se subió los pantalones y se marchó.

Sin duda, la Fiesta Mayor que cambió mi vida

Desde entonces la fantasía con la que solía correrme cuando me masturbaba cambió. En su lugar comencé a recrear aquel fugaz y excitante momento durante el concierto de la Fiesta Mayor.

Al año siguiente regresé. Y un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando conseguí colocarme en el mismo sitio donde un año antes había pasado todo. Esta vez decidí ir sin los amigos. Con las primeras notas del grupo de turno comencé a revivir todo y mi excitación enseguida volvió. De repente sentí la calidez de un pecho que presionaba mi espalda y ese bulto insistente intentando abrirse paso entre mi culo. Él estaba ahí.

En ese momento nació una especie de pacto silencioso entre los dos. Esa es nuestra cita ineludible -La Fiesta Mayor- donde sobran los nombres, las palabras… Lo que también sobra es la curiosidad de mi familia y de mis amigos que no acaban de entender por qué desde el verano de final de carrera espero como un niño espera el Día de Reyes la llegada al pueblo de la celebración de la Fiesta Mayor.

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