Piloto y copiloto. Hombres cogiendo en un avión

El despegue estaba previsto para las 11:50. La ruta: Madrid a Shanghái.

Felipe llegó a las 10:15 a pista para hacer todas las comprobaciones que un piloto tiene que hacer por protocolo.

Lejos quedaban los días en que este ritual era excitante y le hacía sentir poderoso. Ahora, con más de 1500 horas de vuelo y tras haber alcanzado el rango de capitán de vuelos internacionales, esta tarea le parecía pura rutina.

Primero, un paseo por el exterior. El fuselaje y los timones estaban en buen estado. Ahora entraría en la cabina.

Los joysticks de pilotaje estaban en posición neutral. Se correspondían con la posición de los alerones. Estaban listos para responder con precisión al despegue.

Los indicadores de los sistemas eléctricos, hidráulicos y neumáticos no daban ninguna alarma informática. Hizo una llamada a la torre de control para la comprobación de los sistemas de navegación y comunicación. Todo bien.

Iba bien de tiempo, pero sin hacer ninguna pausa introdujo todos los datos de la ruta para poder utilizar cómodamente el piloto automático durante el vuelo.

Dio la señal al personal de tierra para que hicieran la carga de combustible. Luego, podría subir el pasaje.

Va llegando el personal

Cuando llegó todo el personal de cabina, Felipe reconoció a Sara, jefa del equipo. Había coincidido con ella en varios vuelos durante todo aquel año.

Sara era una devorahombres compulsiva. Ella y Felipe nunca olvidarán la vez que se discutieron porque Sara se folló a un azafato novato durante un vuelo a Nueva York. 

Felipe los oyó cuando intentó entrar al lavabo y se percató que Sara estaba ahogando gemidos con el pestillo del baño puesto. 

Felipe la tuvo que llamar en privado después del vuelo para recordarle lo poco profesional que había sido aquello. Si se repetía, Felipe le advirtió de que daría parte a la aerolínea.

A pesar de aquel incidente, se llevaban bien y se alegraron de volver a verse.

-Felipe, el copiloto está a punto de llegar. Está buenísimo…

-Oh, Sara, no tienes remedio -pensó Felipe.

Parece que el copiloto es gay

Felipe estaba repasando posiciones de los controles del panel superior, algo que raramente hay que configurar antes de un vuelo, pero lo hacía para matar tiempo mientras subían los pasajeros.

En aquel momento llegó Carlos, el copiloto asignado a su vuelo. 

-Buenos días, capitán, soy Carlos, su copiloto asignado.

Sara estaba en lo cierto. Estaba para comérselo, pero Felipe reaccionó de forma profesional y le acercó la mano como presentación.

Ambos se pusieron manos a la obra haciendo las últimas comprobaciones. Carlos, el copiloto, hizo chequeos que otros no habrían hecho. Eso le gustó mucho a Felipe, le hizo pensar que era un chico responsable.

Y es que Carlos no llegaba a los 30 y Felipe estaba entrando en los 50. La juventud de Carlos encendía aún más a Felipe. Felipe se había fijado que era un chico que se cuidaba, era alto y estaba en forma. Eso solo es posible si se hace dieta y se acude a un gimnasio.

¿Un azafato guapo?

Especialmente en aquel vuelo, todas las azafatas eran muy guapas. Además, con los peinados especialmente cuidados y el maquillaje, la belleza de aquellas chicas explotaba en los ojos de cualquier pasajero.

Sin embargo, Carlos dijo: “Suerte que entre el personal de cabina está ese azafato turco, si no no habría a quien mirar”

¿Felipe había entendido bien aquel comentario? ¿Carlos era gay? ¿Acababa de decir que un azafato le parecía guapo?

Felipe se limitó a asentir sonriendo y dijo que sí tímidamente.

Más señales. El copiloto ha tenido parejas masculinas.

Cuando ya estaban alineados con la pista de despegue, Felipe accionó el comunicador interno del avión.

“Queridos pasajeros, motores preparados. Vamos a despegar”.

Felipe posó la mano sobre la palanca de potencia y la empujó hacia adelante hasta el fondo.

Los motores empezaron a emitir un sonido agudo y el avión aceleró vibrando hasta su última pieza.

“Me encanta este momento. Me recuerda a un mulato que me follaba y me daba así de duro”.

Ya no había duda. Carlos era gay. Felipe envidió como Carlos expresaba su condición gay sin ningún pudor. Pensó que pertenecían a generaciones diferentes. Felipe no había vivido nunca represión social por ser gay, pero llevaba este aspecto de su vida más discretamente.

El avión llegó a altura de crucero en doce minutos. Una vez arriba. Carlos contactó con la torre de tráfico a modo de comprobación. Revisó las condiciones meteorológicas. Iba a ser un vuelo plácido con pocos contratiempos.

La zona de descanso de un avión se usa para coger

Cuando accionaron el piloto automático y entraron en un momento de la ruta donde volarían 2500 km en línea recta, Carlos le propuso a Felipe que fuera a la zona de descanso. El tiempo era bueno, así que estarían un par de horas sin nada que hacer. No tenía sentido que los dos estuvieran en la cabina.

En la mayoría de aviones de largas rutas, cerca de la cabina de los pilotos, hay una escalera que baja a la altura de bodega. Allí hay un pasillo que lleva a la parte trasera del avión, donde hay una zona de descanso para pilotos y personal de cabina. Suele haber unas literas con mantas y cojines, donde poder echar un sueñecito.

Felipe aceptó la propuesta y se fue a acostar. 

Estirado en la litera, Felipe se preguntó si Sara, la azafata devorahombres, habría usado aquel espacio para follarse a azafatos jovencitos. Seguro que en aquel espacio le había hecho buenas mamadas a más de uno. De hecho -pensó Felipe-, follar en pleno vuelo tiene que ser una buena experiencia.

Vuelta a la cabina. El copiloto travieso

Cuando Felipe se despertó, habían pasado dos horas. Suficiente. Era hora de volver a la cabina.

Cuando volvió se encontró a Carlos tomando un café tranquilamente.

Llegando por detrás se fijó en su pelo moreno y frondoso. Bien limpio. Cuando te gusta un hombre siempre quieres acariciarle el pelo. Pero Felipe, siempre serio y profesional, se limitó a saludar a Carlos.

“¿Ha dormido bien mi capitán?”.

Mi capitán. A Felipe le gustó aquello. Además, Carlos lo dijo con tono sumiso y le puso la mano en la espalda a Felipe dándole una pequeña caricia.

A Felipe se le puso la polla muy dura. Aquel comentario dulce y la caricia despertaron en él algo animal. Felipe se puso todo rojo.

“Están todos los mandos bien?” – preguntó Carlos.

Felipe se asombró. No entendía la pregunta. ¿Los mandos? Miró al timón y al cuadro de señales. Todo parecía correcto.

“Me refiero a estos mandos” -dijo rápido Carlos. Y a continuación le puso la mano en la polla a Felipe.

Piloto de avión con erección 

Felipe se quedó petrificado. Su cabeza empezó a cavilar. “Esto no está bien”. “Es peligroso”. “Me quiero follar a este hijo de puta”. “¿Estoy loco?”

La cabeza de Felipe hizo un cortocircuito y Carlos aprovechó este momento para empezar a quitar la camisa por dentro del pantalón de Felipe y a buscar el botón y la bragueta para buscar buena verga.

A Felipe no le había dado tiempo a sentarse y Carlos estaba sentado de copiloto a la altura de su polla. Felipe estaba duro por la caricia que le acababa de dar Carlos y, pues, a Carlos no le fue difícil encontrar el miembro de Felipe y pajearlo un poco antes de sacárselo del panti.

“Señores pasajeros, prepárense para una corrida de emergencia” -dijo Carlos con sorna.

Mamada en un avión

Carlos se empleó a fondo en tragarse aquel pollón gordo de señor cincuentón. Lo primero que hizo es metérsela toda en la boca y, con una mano en el culo de Felipe, empujarlo más hacia su cara para que la polla le llegara en todo lo profundo.

Felipe estaba gozando como un perro tumbado en la sombra de un árbol. Notaba su polla bien húmeda y la mano de Carlos haciéndole una rica paja en el tronco de su verga cada vez que retiraba suavemente su boca hacia atrás.

Aquello era irresistible. Pronto se correría, pero quería disfrutar aún un poco más. Sin embargo, Carlos no dejó chance. Se retiró de la polla de Felipe, la escupió y empezó a pajearla a dos manos.

Los chorros de semen de Felipe saltaban por toda la cabina. En los asientos, en el suelo, en la cara de Carlos…

Carlos pudo comprobar lo lechero que era Felipe a sus 50 años. Aquella polla entrando en la tercera edad aún daba mucho de sí.

Un vuelo placentero

Carlos se fue al baño para limpiarse todo el semen que Felipe le había arrojado en la cara y el pelo.

Cuando volvió se encontró a Felipe extremadamente tímido y mirando al frente por la ventanilla delantera.

-Esto no puede salir de aquí, Carlos. -dijo Felipe.

-Relájase, mi capitán. Será nuestro secreto. -respondió Carlos. Carlos seguía usando el tono sumiso e irónico con el que había empezado toda esa locura.

Carlos le empezó a explicar las incontables veces que había tenido experiencias sexuales durante vuelos. Con azafatos, con copilotos, pilotos e incluso con… pasajeros.

Carlos le contó que una vez, durante un vuelo en el que no había mucho pasaje, un pasajero le hizo una sonrisa muy dulce y acabaron en una fila trasera follándose a lo cowboy por turnos. Y los dos acabaron bien corridos.

Felipe no salía de su asombro. Había sido piloto durante 20 años y nunca había tenido una experiencia sexual durante un vuelo. Ahora se preguntaba si había sido demasiado duro con Sara, la azafata devorahombres, cuando la amenazó con reportarla a la aerolínea. Por lo que estaba escuchando Felipe, tener sexo durante vuelos era mucho más común de lo que creía.

De hecho, imaginar follarse a un pasajero en las filas traseras de un vuelo medio vacío le había dado mucho morbo. Pensar que en cualquier momento puede aparecer alguien y te vea cogiendo… El riesgo del escándalo o el ser observado era una idea muy golosa.

Sexo con las nuevas generaciones

El resto del vuelo fue relajado para Felipe y Carlos. 

Carlos se encargó de que lo que había pasado no provocara tensión entre ellos. Con las historias que Carlos le contaba, Felipe estuvo entretenido y se rieron bastante. Sin duda, Carlos tenía más tablas para gestionar situaciones así.

Para Felipe estaba siendo un vuelo bien diferente a todos sus anteriores. Pensaba que había tenido suerte de haberse cruzado con Carlos. Este copiloto le estaba dando un curso acelerado de cómo adaptarse a los nuevos tiempos y entender las nuevas generaciones de pilotos que subían.

Reto sexual durante un vuelo

Pero Felipe tenía su orgullo. Y no quería que este vuelo acabara con solo la iniciativa de Carlos.

Felipe quería demostrar que también sabía ser atrevido y travieso.

-¿Quieres hacer el aterrizaje, Carlos? Te irá bien para tu registro de experiencia. Lo firmaré en tu expediente. -le dijo Felipe a Carlos

Carlos aceptó la propuesta de buen grato, sin embargo, no sabía lo que Felipe tenía en mente.

Cuando estaban a 2000 metros de altura, Felipe ordenó desplegar las ruedas a Carlos. 

-Y ahora, mi primer oficial -dijo Felipe-, prepárese para este importante examen…

Felipe se puso de rodillas en su asiento de piloto para poder llegar cómodamente al cuerpo de Carlos sentado de copiloto.

El aterrizaje ya estaba aprobado por la torre de control, así que tenía que hacerse. Un aborto de la operación se tendría que justificar demasiado bien o los podría meter en un buen lío. Eso lo sabía bien Carlos.

Felipe empezó a frotar el paquete de Carlos.

-Haga bien este aterrizaje, mi primer oficial. No me gustaría tener que suspenderle…

orgasmo durante aterrizaje

Orgasmo en el aterrizaje

-¡Joder, no me hagas esto Felipe! -gritó Carlos. Pero al mismo tiempo Felipe notaba como la polla se le iba poniendo dura a Carlos.

El indicador de altura avisaba que estaban a 1800 metros del suelo.

-Dos minutos para el aterrizaje, mi primer oficial, mantenga la velocidad de descenso… y su polla bien dura. -Le espetó Felipe a Carlos.

Felipe también se puso tieso al notar la polla de Carlos dura como una piedra y también sabiendo que era él ahora el que tenía el control.

Felipe le sacó la polla a Carlos por la bragueta del pantalón y empezó a sacudírsela fuerte. Luego empezó a chuparle la verga tan al fondo como pudo. Felipe exageró un gagueo para excitar aún más a Carlos.

Buena corrida en el avión

El sistema informático empezó a dar mensajes de aviso: 400 metros, 390 metros… Una cuenta atrás para que los pilotos sepan a qué distancia se encuentran del suelo.

Felipe seguía chupando y sacudiendo la polla de Carlos.

– Dios! -dijo Carlos

Felipe se concentró en succionar fuerte el glande de Carlos y pajearle el tronco de la polla tan rápido como podía.

Los mensajes seguían sonando: 40 metros, 30 metros… y Felipe seguía sacudiendo fuerte la polla de Carlos. La respiración de Carlos era de lo más profunda.

Cuando las ruedas del avión impactaron contra el suelo, Carlos empezó a sacar borbotones densos de semen que Felipe iba tragando y ubicando en el fondo de su ser. El avión rugía con la frenada y también rugía la polla de Carlos que se iba vaciando en la boca de Felipe. Felipe lo tragó todo como una putita y el avión finalmente se detuvo.

-Parece que tendré que darle buena nota en el informe, mi primer oficial -dijo Felipe mientras Carlos resoplaba después de todo el estrés y el placer…

El sexo en el avión estuvo rico

Cuando Felipe estaba en casa. El calentón había pasado y le atacaron las dudas del Felipe que siempre había sido. ¿Y si se entera alguien? 

En aquel momento recibió un Whatsapp. Era Sara.

“La próxima vez quiero estar en la fiesta de cabina”.

-Oh, Sara y Carlos, terribles y adorables -pensó Felipe.

Sigue mojando
Mi primera vez gay
MI PRIMERA VEZ GAY
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