Gay soltero después de 12 años

Me llamo Javier. Me gustan los chicos. Pero estoy muy alejado del estereotipo gay promiscuo.

Hasta hace poco, nunca había hecho sexo esporádico con otros hombres. No había ido nunca a lugares de cruising. Y, en general, soy muy reacio a conocer hombres por aplicaciones.

Pronto entenderéis este cambio.

A mis 16 años conocí a Marcos, compañero de instituto. Él tenía mucho más clara su orientación sexual que yo. Y me ayudó cariñosamente a salir del armario y, desde entonces, fuimos pareja.

Han pasado 12 años de relación y Marcos me ha dejado. Ha sido una ruptura dolorosa, pero lo hemos hablado mucho. Después de mil lágrimas, he comprendido que debíamos acabar. Él estaba cansado de tanta rutina. Ahora lo entiendo perfectamente.

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Abrazarte con la persona que amas

Relación sexual dulce y paciente

He tenido una relación muy estable con Marcos, pero eso no significa que sexualmente sea reprimido. Me encanta el sexo y creo que con Marcos hemos probado de todo.

Marcos fue el primer chico al que desnudé. Estaba tan nervioso ese día… Cuando eres virgen siempre te preguntas si serás capaz de recibir sexo anal. ¿Me va a doler? ¿Voy a ser una decepción para mi pareja?

Mi cabeza, antes de mi primera vez, era un mar de dudas e inseguridad.

Y aunque para Marcos yo también fui su primera vez, me supo llevar paso a paso como un caballero. Marcos será siempre un héroe para mí.

– Tranquilo… -Me susurró en la oreja. Y empezó a desabrocharme la camisa muy lentamente. -Tú sígueme -me instó.

E hice lo mismo. Imitaba sus iniciativas. Le empecé a desabrochar la camisa con nuestros brazos entrelazados, haciéndonos lo mismo el uno al otro.

Éramos dos universitarios de primer año que habíamos quedado para dejar de ser vírgenes… 

Hacer la cucharita con tu novio gay
Hacer la cucharita con tu novio

La virginidad Gay puede esperar

Pero esa primera vez acabó en intento frustrado.

Cuando Marcos me puso boca abajo en la cama para aplicarme lubricante, me puse demasiado nervioso.

Gentil como Marcos era, sonrió y me dijo que no pasaba nada. Que esperaría lo que hiciera falta hasta que me sintiera seguro.

Su calidez humana me enterneció y quise devolverle tanto amor y empatía.

Le puse las manos en los hombros y fui empujándole suavemente hasta tenerlo tumbado del todo.

Mamada de agradecimiento

Beso a beso, recorrí su cuerpo. Primero el cuello, luego el pecho, luego la barriga… Hasta que llegué a su polla y empecé a lamerle el frenillo con mucha ternura.

El miembro de Marcos se iba inflando y empezó a hacer pequeños espasmos involuntarios, señal de que ya estaba duro y listo.

Y empecé a darle una felación de agradecimiento. 

Primero succioné su glande para que la sangre subiera y facilitara el orgasmo. Y a continuación, le hice una buena garganta profunda. 

Quería que notase mi asfixia. Quería que supiera que lo hacía por él. 

Así que cuando tuve una primera necesidad de arcada, forcé un poco más para emitir algún sonido de sobreesfuerzo.

Me lo tragué todo de Marcos

Marcos me tiró del pelo hacia atrás para que no sufriera tanto. Yo tenía los ojos llorosos y mi boca y la polla de Marcos eran un puro bálsamo de saliva densa deslizándose hacia abajo.

-Déjame, -Le dije. Y volví a meterme su polla en la boca y le empecé a pajear muy rápido.

-Buf… No puedo más… -Dijo Marcos.

Y fue cuando subí mis labios a la mitad de su glande para recibir grandes chorros de esperma que impactaban en mi paladar, en el interior de mi mejilla… Y yo los dejaba saltar por mi boca, como los chorritos de agua de la máquina que hay en mi universidad, que salen al apretar un botón metálico.

Esa noche no hicimos sexo anal. Pero sin lugar a dudas, sería la primera vez de muchas que haríamos el amor.

Juventud gay, divino tesoro

No importa cuando lo hicimos por primera vez. Tampoco fue nada especial y sí bastante torpe. Así que omitiré este capítulo en nuestra historia.

No obstante, como os he dicho, en nuestros doce años de relación tuvimos mucho sexo. Y de todos los tipos.

La verdad es que Marcos llevaba mucho la iniciativa y eso me gustaba. Si hicimos alguna “locura” fue gracias a su mente un tanto pervertida.

Como aquella vez que estábamos en un probador de una tienda de ropa, y aprovechando que yo estaba medio desnudo, Marcos se puso de rodillas y empezó a chuparme la polla muy a lo bestia. 

Tuve que taparme la boca para no soltar ningún gemido, especialmente cuando me corrí y Marcos se lo tragaba todo.

Por lo visto, estuvimos demasiado tiempo dentro del probador y justo cuando salíamos llegaba un tipo de seguridad que nos miró de arriba a abajo, intuyendo lo que acabábamos de hacer, ¡Qué vergüenza!

Llegar a casa y follar

Pero sin duda lo que más me gustaba era cuando Marcos llegaba de trabajar y yo estaba en casa, a veces leyendo tranquilamente.

Le preguntaba cómo le había ido el día o cómo estaba y él no respondía. Se acercaba a mí lentamente y me empezaba a besar el cuello y a frotarme el paquete. Se me ponían los ojos en blanco y se me ponía la polla superdura. 

En esos momentos no importaba cuan excitado me pusiese, pues sabía que me tocaría hacer de pasivo. 

Marcos me bajaba el pantalón con mucha ansia, sin desnudarme. Era todo lo que Marcos quería de mí en ese momento. Yo era su culito y me gustaba serlo.

Entonces Marcos se escupía en la mano y se frotaba el glande con su saliva. Y sin aún haber mediado palabra conmigo, me metía la polla entera dentro del culo.

Con golpes secos empujaba hacia adentro y yo notaba como su polla se me clavaba hasta el fondo de mi culito gay.

Toda la leche en mi culo

La ansiedad acumulada en el trabajo es veneno. Se acumula en el pecho y te agobia. Es como alguien que te presiona el esternón con ambas manos y notas esa pelota de presión ahí, pero no la ves.

Con ansiedad puedes hacer una vida casi normal, pero esa bola de dolor se va haciendo cada vez más grande y no sabes nunca cómo explotará.

Esa bola, ese dolor, esa angustia, hay que quemarla. Y Marcos la quemaba empotrándome el culo con golpes secos. Y yo quería que vaciara toda esa angustia en mí. Yo absorbía todo ese dolor y luego me desprendía de él con una simple ducha.

Marcos se iba poniendo tenso. Apretaba mi cuerpo con sus brazos como una tenaza. Y seguía empujando hacia mi interior. Entonces ponía todo su cuerpo rígido y hacía un último empujón hacia dentro y se quedaba paralizado, con algún temblor. Se había corrido en mi culo. Qué rico…

El sexo da paz

Cuando Marcos se vaciaba nos quedábamos tumbados en la cama. Yo tenía aún su leche dentro, pero no me importaba. Marcos siempre cogía un pañuelo húmedo de bebé y me iba limpiando.

Y en ese momento, empezábamos a hablar, de cómo había ido el día y su trabajo, muy tranquilamente. Todas nuestras emociones negativas hacían un reset y, entonces, surgía esa comunicación donde te sinceras, hablas y sabes que tienes a alguien al lado en el que puedes confiar.

Una comunicación con caricias, con besos en la espalda, con momentos de silencio sostenidos en abrazos. Yo amaba a Marcos.

Y Marcos desapareció

Un día, en un momento de relax después de follar, Marcos no arrancaba a comunicarse cómo había hecho siempre. Y después de un largo silencio, entre lágrimas, me lo dijo: quería irse de mi vida.

El final fue gradual. Sacó sus cosas de casa a días. En esos ir y venir, íbamos hablando. Hacíamos sexo, aunque él se resistía cuando yo lo proponía.

Y a las dos semanas, cuando ya estaba todo arreglado, la puerta se cerró por fuera y Marcos ya no volvería. Dejó de ser mi pareja, mi amante, mi confesor, mi niño.

Cuando tu novio te deja
Cuando tu novio te deja

La depresión

Los meses siguientes fueron muy tristes, muy vacíos. Lo echaba de menos siempre. Os podéis imaginar la sensación de llegar a casa y notarla muy vacía. Y no tener a un Marcos ansioso por desnudarme, por follarme… 

Me atormentaban pensamientos imaginando que estaría de fiesta en algún antro, conociendo y haciendo sexo con otros hombres. Cosa que a mí no me apetecía nada. Pero esa era la libertad que había ansiado Marcos mucho tiempo y seguramente ahora la estuviera practicando.

Me quedaba en casa los fines de semana devorando series. Llenando mi cabeza con cualquier entretenimiento que aliviara un poco el tormento. Y rezando para que el sueño por la noche llegara para así poder parar de tener celos irracionales.

La tristeza pasó

El tiempo lo cura todo después de una batalla muy oscura con uno mismo. Un día te sientes mejor, pero posiblemente por haberte vaciado de lágrimas. Ya no sientes tanto dolor porque ya no cabe más en el pecho y el dolor que queda dentro, pues supongo que tiene una energía que, al igual que una pila, se agota.

Y el día que toda esa tristeza expira, llega una llamada de un amigo, de un primo, de un vecino. Preguntando si quieres salir a tomar a algo, a dar una vuelta, a una fiesta. Y como ese peso de ropa mojada ya no está en el cuerpo, pues aceptas. ¿Por qué no?

Aventuras gay que nunca imaginé

Y ahí me tenéis, de fiesta, con un amigo en un bar de la zona gay de la ciudad. Después de más de diez años de relación, estar soltero en un ambiente así se me hace harto extraño.

Mi amigo me presentó a su círculo de gente, que por supuesto ya sabían que me había quedado soltero. Las miradas con deseo y las indirectas llegaron, pero no me sentía a gusto pensando que podía irme a casa con alguno de aquellos chicos.

Como no mostraba interés por ninguno de los chicos que me presentaron, estos empezaron a ligar con otros chicos del club y el grupo que éramos se fue diseminando. Incluso el amigo con el que había llegado al bar conoció a un americano que había aterrizado hacía pocos días en la ciudad y a los minutos ya se estaban morreando.

Me quedé solo. Pero sin ningún problema. Con los meses que había pasado cerrado en casa depresivo, estar así se sentía bien. Disfrutaba de la música y de mi copa. Pensé que cuando vaciase el vaso me iría y listo. 

Sorpresas a mi espalda

Ya estaba por irme cuando me llamaron por detrás.

-Eh, tú, llevo mirándote hace rato. Estás solo, pero no paras de sonreír. ¿Lo has pasado mal últimamente, no?

Era el camarero. Un mulatito hondureño con el pelo castaño y rizado. Lo que más me llamó la atención fueron sus labios carnosos que tenía en su sonrisa, que esperaba paciente mi respuesta.

No era para nada mi tipo. Aspecto chulesco con camisa hawaiana sin abrochar por donde le gustaba mostrar su tableta abdominal excelentemente trabajada. Sin embargo, había dado en el clavo con su observación, cosa que me sorprendió gratamente.

El mulato del bar gay
Así se veía el mulato del bar gay

El mulato gay empezó a gustarme

Le conté mi historia y me dijo que se lo imaginaba. Por cómo me comportaba aquella noche, le recordé a una historia similar por la que había pasado él, pero mucho más trágica. Su novio no quiso venirse a España en el último minuto y lo dejó colgado en tan importante proyecto.

Empaticé mucho con él. Y él conmigo. Tengo que admitir que su seguridad y sensibilidad me recordaban a la de Marcos, pero con un par de chupitos aparté de mí esa nostalgia.

Hablamos durante una hora y no paraba de invitarme a cocktails que con sus brazos musculosos iba agitando. Temía que llegara el momento en que me sugiriera de irnos a su casa, pero en vez de eso…

Giro de 180º

El jefe de este chico le pidió que fuera al almacén porque se habían acabado los botellines de cerveza. El chico mulato recibió la orden y saltó por encima de la barra. Sin preguntarme, me cogió de la mano y me llevaba con él.

¡Yo no quería! Pero las palabras no salían de mi boca. En el fondo me estaba gustando que me guiara hacia hacer sexo con él. Era cómo Marcos y yo funcionábamos. 

Como si me estuviera leyendo la mente, se giró un momento y me sonrió. Sabiendo que en mi mente había un debate interno. Pero no me soltaba la mano y seguíamos de camino hacia el almacén.

Sexo en espacio pequeño

Al cerrar la puerta detrás de mí, el camarero me agarró la cabeza con las manos y me pegó un morreó con la boca bien abierta. Mi pequeña boca quedó totalmente saturada en un segundo. Su lengua era una bestia inhumana instalándose en una cueva que acaba de encontrar, sin ninguna consideración.

Mi tensión se desvaneció cuando posé mis manos en sus pectorales. Empecé a jadear ansioso y dejó de importarme que aquel camarero latino se estuviera apoderando de mí.

Cuando empecé a desabrocharle el pantalón, él empujó mi cabeza hacia abajo y me sometí de rodillas como una putita que tiene asumida su labor.

Su polla morena con su vello púbico semi afeitado estaban delante de mi boca. Mis ojos brillaban.

Empecé a chuparle la polla respirando fuerte y rápido por la nariz. Cuando le masajee los huevos y los empujé suavemente hacia arriba para que dejaran de colgar, oí un jadeo inmenso suyo de placer.

Gay pasivo

Me levanté, me giré y posé mis manos sobre una estantería del almacén, dejando claro que estaba listo para ser el pasivo. Se lo había ganado.

Y a los pocos segundos noté su rabo entrándome en el culo, con una fuerte embestida seca. Las mismas que me daba Marcos cuando el estrés del trabajo lo superaba.

-Más fuerte -le dije

-No quiero lastimarte -me respondió.

-MÁS FUERTE -repliqué.

Y el mulato me agarró de los hombros para empujarme hacia atrás en cada embestida. Me estaba destrozando, pero lo estaba disfrutando como el que se corre después de dos semanas sin masturbarse.

A la séptima sacudida brutal el camarero gritó “ohhhh” y noté toda su leche inundando mi culito. Retiró su polla de mi culo y noté gotitas de semen saliendo de mi agujero. El chico hondureño me pasó un trozo de papel de cocina y me limpié mientras veía al mulatito recostado contra la pared, recuperándose del esfuerzo.

De vuelta a casa

Volviendo a casa, noté una brisa de aire caliente en la cara. Caí en la cuenta de que era principios de mayo y que el calor ya llamaba a la puerta. 

Quizás la vuelta del verano la acabara de provocar yo, en un almacén. Follándome a un mulato y dejando el pasado atrás. Quizás aquella fricción provocó un clic en un interruptor gigante que afecta a muchos y hace que cambie el tiempo.

A partir de ahora ya soy un poco más libre. Vuelvo a ser yo. O también puede ser que haya habido un cambio de estación dentro de mí. Y el que antes disfrutaba de una relación estable esté hibernando en algún recodo de mi interior, para liberar a otro yo que se folla desconocidos en un bar y lo disfruta salvajemente.

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